martes, 13 de febrero de 2018

Las economías de fichas

Frecuentemente, al inicio de la terapia, una preocupación habitual de los padres es: ¿pero no será malo acostumbrar a mi hijo/a a que se le refuerce por cada cosa que haga?.  El refuerzo directo se utiliza al inicio de cualquier aprendizaje nuevo, con la función de condicionar al niño/a positivamente a la nueva tarea y para que el aprendizaje de la contingencia sobre lo que se le enseña sea más rápida. 

Una vez que los niños/as que acuden a nuestra terapia basada en la metodología ABA comienzan a responder y han entendido que tras una petición de la terapeuta, si hay una respuesta correcta, se consigue un reforzador, ese refuerzo directo comienza a ser distanciado y empieza a conseguirse, ya no tras la realización de un único ensayo, sino de varios, por ejemplo dos o tres peticiones seguidas, y entonces reforzamos.

Este es el momento en el que solemos introducir el sistema de motivación llamado: economía de fichas, el cual consiste en la utilización de un tablero que tiene una serie de fichas pegadas en él. A medida que el niño/a va dando respuesta a las demandas de la terapeuta, va consiguiendo dichas fichas, hasta que las consigue todas y entonces obtiene un premio que puede haber sido o no pactado previamente.

Cuando el premio ha sido pactado, colocaremos la foto correspondiente en el tablero de modo que el niño/a pueda verlo.

Las economías de fichas, son como hemos indicado un sistema de motivación y como tal, persiguen motivar al alumno/a para que se mantenga atento/a en la tarea, y ganando fluidez en sus respuestas. El feedback es rápido, concreto y conciso, ya que ante una respuesta correcta el niño/a ve como automáticamente consigue una ficha y como la puede perder o no ganar cuando su respuesta ha sido errónea.

Es una manera muy visual y directa de ver la consecuencia que lleva asociada una respuesta. La economía de fichas, también sirve de ayuda para que el niño/a tenga información clara acerca de cuando empieza y cuando acabará la demanda, lo cual ayuda notablemente a su motivación por responder.

Otra ventaja, es que las fichas pueden contener información que el alumno/a ya conoce, por ejemplo: colores, números, letras, fotos de animales, etc... que pueden repasarse cada vez que el niño/a ha conseguido completar la tabla y "cuentan" las fichas para dar paso al refuerzo. De esta manera, se multiplican las oportunidades de aprendizaje que se le presentan al alumno/a cada vez que se hace uso de la economía de fichas.

La forma de introducirlas es siempre de menos a más, es decir, comenzaremos por una o dos fichas, y con demandas sencillas para el niño/a de manera que le sea fácil entender la dinámica, para poco a poco ir incrementando en número de fichas y dificultad de las tareas.



domingo, 4 de febrero de 2018

Experiencia sobre la terapia ABA de Carlos Santiago

Casi nadie te habla de la terapia ABA cuando a tu hijo le diagnostican TEA, es más, sueles perder unos meses preciosos, si no años, intentando identificar o etiquetar qué es exactamente lo que le pasa a tu hijo. Sin embargo, lo importante es ponerle a trabajar, cuánto antes. Esos meses son precisamente los más importantes para que consiga avanzar. Entre los 0 y los 6 años transcurre la etapa más importante en el desarrollo del cerebro del niño, y por tanto, es el tiempo imprescindible para actuar, sea cuál sea el trastorno.

Por suerte, nosotros habíamos oído hablar de la terapia ABA en el momento preciso y decidimos que eso era exactamente lo que necesitaba nuestro hijo. Si las personas que se dedican a valorar a los niños supieran realmente en qué consiste esta terapia la recomendarían sin pensarlo dos veces, pero por desgracia el desconocimiento hace que incluso lleguen a desaconsejártela. No fue nuestro caso, en nuestra decisión no cabía argumento en contra, sabíamos de primera mano los resultados que se pueden conseguir.

Nuestro hijo no tenía ni dos años cuando comenzó a ir a terapia con Ingrid y Paloma. Había perdido el lenguaje, no hablaba (aunque antes ya había dicho sus primeras palabras), aleteaba constantemente, andaba de puntillas, no mantenía contacto visual, no respondía a su nombre, no señalaba y un sin fin de cosas más. Es decir, tenía un retraso madurativo significativo. Parecía estar rodeado de una burbuja invisible que le impedía avanzar.

En tan sólo dos meses de terapia aquella burbuja explotó y el pequeño comenzó a avanzar poco a poco nuevamente. Lo hizo lentamente al principio, pero de forma muy clara y evidente, tanto que en poco tiempo comenzó a emitir sonidos de nuevo. Fueron muchas horas de trabajo y muchos momentos de frustración.

Sin embargo, cuando empezamos a tomar conciencia de lo acertada que había sido nuestra decisión intensificamos la terapia y llevamos a nuestro hijo todas las horas que nos fue posible. Fue duro, especialmente para él porque tan pequeño parecía sometido a una jornada de clases más larga de lo normal, pero era su mejor oportunidad. Además, él adoraba a sus terapeutas y durante la terapia estaba feliz, disfrutaba de la gran mayoría de las actividades que realizaba, aunque otras le costaran más. Ahora, tras varios años de terapia sabemos que fue la mejor decisión que hemos tomado jamás.

Nuestro hijo avanzó de tal forma que muchos de nuestros miedos iniciales desaparecieron con el tiempo. Consiguió hablar con normalidad, lee de forma extraordinaria, escribe, hace operaciones matemáticas, juega con sus amigos, hace natación y juega en un equipo de fútbol, disfruta de cualquier película, cumpleaños, etcétera, no aletea, no anda de puntillas, es cariñoso y feliz. Tiene cinco años y asiste a clases en su curso en un colegio público normal, ni en nuestros mejores sueños hubiéramos pensado que iba a conseguir salir de un pozo tan oscuro y profundo como en el que una vez estuvimos inmersos.

No sé si necesitará más terapia o más ayuda en el futuro, pero ahora estoy seguro de que gracias a ABA, a La Pieza del Puzzle y en especial a Ingrid, Paloma, Manuela y compañía tendremos el apoyo que necesitamos. Conozco a muchas personas que están viviendo lo mismo y a todas les he recomendado lo mismo: “Puedes creerlo o no pero, no pierdas el tiempo, prueba la terapia ABA y en unos meses tú mismo te darás cuenta de si has acertado”. Todos me lo han agradecido.


                                                                                                                                      Carlos Santiago

viernes, 26 de enero de 2018

Cómo evitar que el niño/a se escape

La probabilidad de que un niño/a con autismo se escape, se calcula en torno al doble que en los niños con desarrollo típico. Si a a esto unimos que en la mayoría de los casos, el niño/a no será capaz de dar sus datos personales,  el problema se multiplica y crece el miedo entre las familias de que un día el niño/a pueda salir corriendo de casa o en la calle y le pueda pasar algo. 

La solución no es fácil, a continuación os dejamos algunos consejos prácticos que esperamos os sean de utilidad:

- En primer lugar, hay que trabajar de forma anticipada. No esperar a que surja el problema para intervenir, sino adelantarnos a él y "entrenar" a vuestro hijo/a para poder evitar en la medida de lo posible las fugas.

Tendremos en cuenta la edad así como la capacidad cognitiva del niño/a a la hora de enseñar o intentar hacer comprender que debe permanecer a nuestro lado. En función de esto, y ayudándonos de  imágenes, podremos explicar al niño/a una historia social que le facilite la comprensión de la norma de no escapar, así como de sus posibles consecuencias, o si su capacidad es menor, simplemente utilizar un pictograma que el niño/a reconozca como "prohibido escaparse". Este pictograma, podremos llevarlo con nosotros siempre que salgamos de casa y enseñárselo al niño/a como recordatorio, o también puede estar colocado en la puerta de casa para que el niño/a pueda verlo y evitar así que salga de casa.

- Todas las familias, saben cuales son las zonas de mayor riesgo de fuga de sus hijos/as, algunos son los parques, otros los centros comerciales, en casa, etc... Esta información nos puede ser muy útil, para poder trabajar y entrenar al niño/a in situ. Se trata de ir a esos sitios y enseñar al niño/a que debe permanecer a nuestro lado. Para ello, llevaremos con nosotros algún reforzador (por ejemplo su chuchería favorita), y pasearemos con el niño/a, recordando a través del pictograma que no debe escaparse. Si el niño/a permanece a nuestro lado le iremos reforzando por ello, al principio en intervalos de tiempo cortos, que iremos ampliando poco a poco a medida que avancemos en el entrenamiento.

Estaremos atentos por si el niño/a entra en fuga, para retenerlo y volver a recordar a través del pictograma que es lo que esperamos de él/ella.

- Otra forma de anticiparnos al problema, es enseñar al niño/a que siempre tiene que saber donde están mamá o papá. A través del juego del escondite, podemos en un primer momento en casa y después incluso fuera de ella, enseñar al niño/a a buscar al adulto. Por ejemplo: la mamá se esconde y el niño/a tiene que encontrarla, cuando lo hace recibe un premio por ello. Al principio, será necesaria la ayuda de otra persona que guíe al niño/a en la búsqueda, después, esta persona se irá desvaneciendo, hasta que el niño/a se acostumbra a saber donde está su madre en todo momento y de lo contrario, buscarla.

- Otra ayuda que se puede valorar, es incluir a un perro entrenado en evitar fugas en niños/as con autismo en la familia. El perro va unido a través de un arnés al niño/a cuando salen a pasear, de manera que si el niño/a tira del mismo porque intenta escapar, el perro se tumba y bloquea que el niño/a pueda irse. 

- Por último y sobre todo para niños/as no verbales, es muy importante que siempre lleven consigo una identificación donde aparezca su nombre, dirección y teléfono de contacto.

Sois las familias los que mejor conocéis a vuestro hijo/a, si consideráis que existe riesgo de fuga, no dudéis en trabajarlo y enfrentaros al problema, la solución no pasa por evitar salir de casa o ir a sitios de mayor riesgo, eso limitara vuestra vida y la de vuestro hijo/a. Si lo consideráis necesario, siempre podréis solicitar la ayuda de un profesional que os guiará para conseguir superar las dificultades con las que os podáis encontrar.






miércoles, 17 de enero de 2018

Diagnóstico - DSM V -

La concepción del autismo ha cambiado significativamente a lo largo de los últimos años, gracias al enorme avance que se está produciendo en su investigación.

La última versión de la clasificación internacional de trastornos mentales más importante el DSM - V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders - 5), así lo refleja incluyendo el autismo dentro de los trastornos del neurodesarrollo, dejando a un lado la antigua conceptualización de Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD).

Los trastornos del neurodesarrollo tienen su origen en el periodo de gestación y se caracterizan por deficiencias en el desarrollo que producen limitaciones en áreas específicas  o globales a nivel personal, social, académico, laboral, etc....

El autismo pasa a denominarse Trastorno del Espectro Autista (TEA), reconociendo así una sintomatología común a todos los individuos en un amplio abanico de fenotipos. Desapareciendo así los diferentes subtipos denominados: Síndrome de Rett, Síndrome de Asperger, Trastorno desintegrativo de la infancia y  Trastorno generalizado del desarrollo no especificado.

En la nueva clasificación, se considera que las características fundamentales del autismo son:

- Desarrollo en la interacción social y de la comunicación claramente alterado, y
- Repertorio muy restringido de actividades e intereses.

Los criterios diagnósticos del TEA (Trastorno del Espectro Autista) según el DSM- 5 (APA, 2013) son:

A.-  Deficiencias persistentes en la comunicación y en la interacción social en diversos contextos, manifestados por lo siguiente, actualmente o por los antecedentes:

   A.1 Deficiencias en la reciprocidad socioemocional, como por ejemplo son:
  • acercamiento social anormal
  • fracaso en la conversación normal en ambos sentidos,
  • disminución en intereses, emociones o afectos compartidos,
  • fracaso en iniciar o responder a interacciones sociales
   A.2 Deficiencias en las conductas comunicativas no verbales utilizadas en la interacción social, por ejemplo:
  • comunicación verbal y no verbal poco integrada,
  • anormalidad en el contacto visual y del lenguaje corporal,
  • deficiencias en la comprensión y el uso de gestos,
  • falta total de expresión facial y de comunicación no verbal.
   A.3 Déficits en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de relaciones; por ejemplo: 
  • dificultad para ajustar el comportamiento a diversos contextos sociales,
  • dificultades para compartir el juego imaginativo o para hacer amigos, 
  • ausencia de interés por las otras personas
B.-  Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades que se manifiestan en dos o más de los siguientes puntos, actualmente o por los antecedentes (los ejemplos son ilustrativos pero no exhaustivos):

   B.1 Movimientos, uso de objetos o habla estereotipada o repetitiva; por ejemplo:
  • estereotipias motrices simples, 
  • alineación de juguetes, 
  • cambio de lugar de los objetos, 
  • ecolalia, 
  • frases idiosincráticas 
   B.2 Insistencia en la monotonía, excesiva inflexibilidad a rutinas, o patrones ritualizados de comportamiento verbal y no verbal; por ejemplo:
  • elevada angustia ante pequeños cambios, 
  • dificultades con las transiciones, 
  • patrones de pensamiento rígidos,
  • rituales de saludo, 
  • necesidad de seguir siempre la misma ruta o de comer los mismos alimentos cada día
   B.3 Intereses muy restrictivos y fijos que son anormales en cuanto a su intensidad y focos de interés se refiere; por ejemplo:
  • fuerte vínculo o elevada preocupación hacia objetos inusuales, 
  • intereses excesivamente circunscritos y perseverantes
   B.4 Híper o hiporreactividad a los estímulos sensoriales o interés inusual por los aspectos sensoriales del entorno; por ejemplo: 
  • aparente indiferencia al dolor/temperatura, 
  • respuesta adversa a sonidos y texturas específicas, 
  • oler o tocar excesivamente objetos, 
  • fascinación visual con luces o movimientos
C Los síntomas tienen que manifestarse en el periodo de desarrollo temprano. No obstante, pueden no revelarse totalmente hasta que las demandas sociales sobrepasen sus limitadas capacidades. Estos síntomas pueden encontrarse enmascarados por estrategias aprendidas en fases posteriores de la vida.

D Los síntomas causan deterioro clínico significativo en el área social, laboral o en otras importantes para el funcionamiento habitual.

E Las alteraciones no se explican mejor por una discapacidad intelectual o por un retraso global del desarrollo. 

La Discapacidad Intelectual (DI) y el TEA se encuentran frecuentemente unidas. Para poder realizar un diagnóstico del TEA y del DI claramente diferenciado, la comunicación social debe situarse por debajo de lo esperado a nivel general del desarrollo.

Así mismo, las personas con deficiencias notables de la comunicación social, pero que no reúnen criterios para el diagnóstico del TEA, tienen que ser evaluadas para diagnosticar un nuevo trastorno que ha definido el DSM-5 denominado “trastorno de la comunicación (pragmático) social”. La diferencia principal con un TEA es que en el trastorno de la comunicación social no se cumple el criterio diagnóstico B, por lo que no se observan patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades...

Y además de los criterios diagnósticos, debe especificar si:
  • Se acompaña o no de discapacidad intelectual,
  • Se acompaña o no de deterioro del lenguaje,
  • Está asociado a una afección médica o genética, o a un factor ambiental conocido,
  • Está asociado a otro trastorno del neurodesarrollo mental o del comportamiento, con catatonia.

También debe especificarse el nivel de severidad: 
  • Nivel 1: necesita ayuda
  • Nivel 2: necesita ayuda notable
  • Nivel 3: necesita ayuda muy notable

Si analizamos el contenido de estos criterios diagnósticos, observamos que, independientemente de los dos síntomas fundamentales, se incluye un criterio referente al inicio sintomatológico (C), de manera que sólo puede diagnosticarse el TEA si los criterios A y B se manifiestan durante la primera infancia. El motivo de la inclusión de este criterio temporal es el de poder diferenciar entre el TEA que, por definición, aparece muy precozmente, del trastorno desintegrativo de la infancia, que se manifiesta después de un periodo de aparente normalidad no inferior a los 2 años de edad.



miércoles, 10 de enero de 2018

La generalización

" Es curioso, pero mi hijo ha aprendido a decir pipi para ir al baño en casa, pero en el colegio es incapaz de hacerlo" ¿Por qué ocurre esto? A menudo los padres nos hacen este tipo de comentarios, es frecuente encontrarnos con que los niños sean capaces de realizar una serie de logros en un lugar y no en otros. Para dar explicación a este hecho, tenemos que hablar de la generalización.
Podemos definir  la generalización como la transferencia de un aprendizaje que se realiza en un contexto a otro contexto diferente del original. Por ejemplo, siguiendo el caso de la frase inicial, sería la transferencia del aprendizaje de control de esfínteres de casa al colegio.
La modificación de los estímulos, las personas o los contextos pueden hacer que aprendizajes ya adquiridos dejen de tener respuesta o se produzca un aumento en el número de errores. Este fenómeno, no solo se da en los niños con trastornos del desarrollo, también lo encontramos en el desarrollo típico, por ejemplo cuando el niño se enfrenta al reconocimiento de palabras escritas en letra impresa o manuscritas. Pero la diferencia radica en que si bien el niño con desarrollo típico aprenderá a realizar dicha generalización a lo largo de su evolución, al niño con trastorno del desarrollo tendremos que enseñárselo a través de la terapia. Así, cada aprendizaje nuevo, tendrá una fase de enseñanza, tras la cual llegará la fase de generalización, no dándose por adquirido hasta que no se dé la superación de la misma.
 La generalización en terapia se trabaja de forma programada y de múltiples maneras, por ejemplo: modificando la complejidad de los estímulos, cambiando de contexto, cambiando de personas, etc...
Además, siempre que trabajamos con niños con trastornos del desarrollo se ha de tener en cuenta un fenómeno relacionado con la generalización denominado "sobreselectividad estimular" o "atención selectiva". En los años 70 Loovas realizó el siguiente experimento: enseñó a niños con desarrollo típico y a niños con trastorno del desarrollo a discriminar entre figuras masculinas y femeninas. Después del entrenamiento se comprobó que los niños de desarrollo típico discriminaban las figuras en base a una gran gama de estímulos, mientras que los niños con trastornos del desarrollo lo hacían pero teniendo sólo un rasgo en cuenta, por ejemplo, el calzado o el pelo. Por lo tanto, si se suprimía ese rasgo, el niño con trastorno del desarrollo fallaba en la discriminación, mientras que el niño con desarrollo típico continuaba discriminando las figuras ya que se basaba en otros rasgos o en el conjunto de los mismos.
Este fenómeno, hace que el trabajo del terapeuta sea complejo, ya que además de las características únicas y particulares de cada niño, ha de tenerlo muy en cuenta a la hora de la programación y planificación de la generalización de las habilidades que estemos enseñando.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Os deseamos felices fiestas!!

La Pieza del Puzzle os desea Feliz Navidad, gracias a tod@s por formar parte de este pequeño pero gran equipo. Nuestros mejores deseos para el año 2018, que venga lleno de alegrías e ilusiones. 


lunes, 18 de diciembre de 2017

¿Qué juguete comprar?

Se acerca la Navidad y una de las cosas que caracterizan a estas fechas tan señaladas es la búsqueda de los regalos que hagan ilusión y sorprendan a nuestros seres queridos. En el caso de los niños, muchas veces nos lo ponen muy fácil ya que se ilusionan con un montón de cosas que les llegan a través de la tele, las revistas, o simplemente con una visita a un centro comercial.  Pero hay otras ocasiones en las que esto no es posible, son muchas las familias que se plantean ¿qué regalo le hago a un niño con autismo? Muchos de estos niños, tienen dificultades para comunicarse y decirnos que es lo que les gusta o cuáles son sus preferencias. Muchas familias donde hay un niño con autismo han experimentado la desilusión  de comprar algún juguete y que el niño no le preste atención.

No hay un juguete infalible para ningún niño, tenga o no tenga autismo, pero desde aquí vamos a intentar daros algunos consejos e ideas que esperemos os sean útiles en la elección de ese juguete que os haga disfrutar a todos.
En primer lugar nuestro principal consejo es que observéis a vuestro niño/a, aunque no nos lo digan, todos tienen sus preferencias: ver vídeos, escuchar música observar luces, reflejos, colores,... Observad sus fortalezas: si son buenos en memoria visual, en motricidad fina, realizando igualaciones, etc. De esta manera podremos extraer un montón de ideas que regalar como por ejemplo:

-         Pelotas sensoriales
-         Puzzles: tanto encajables como dentados
-         Legos para construcción
-         Linternas o ventiladores con diferentes luces y ruidos
-         Palos de agua
-         Juguetes apilables
-         Juegos para engarzar (coser) bolas de diferentes colores y formas
-         Laberintos de formas
-         Juegos para clasificar por forma, color y/o tamaño
-         Etc…

Es importante pensar en el niño y adaptarnos a sus gustos, no debemos caer en las comparaciones con los juegos de otros niños de su edad o en comprar el juguete de moda de este año, cada niño es único y lo importante es verlos disfrutar.

Existen varias tiendas on line de juguetes adaptados, donde podéis encontrar juguetes como los citados anteriormente. Entre otras las más completas son:

-         www.juguetesespeciales.es
-         www.hoptoys.es.

En las tiendas de juguetes no especializadas también podemos encontrar juegos que además de gustarles, pueden ser educativos y estimulantes para nuestros niños, por ejemplo: Mr. Potato es un juguete clásico que les puede a ayudar con el esquema corporal e incluso identificar emociones.
Algo que también les suele encantar es un pelota terapéutica con la que pueden hacer muchas actividades, ésta la podemos encontrar en cualquier tienda de deportes.
Por último nos gustaría destacar que a veces no hace falta comprar nada y que podemos "fabricar" nosotros mismos ese juguete que cautive a nuestros niños. Para ellos os recomendamos el libro: "Manual del juego para niños con autismo" de Anabel Cornago, Maite Navarro y Fátima Collado, donde encontrareis un montón de ejercicios, materiales y experiencias que seguro os inspiraran para poder crear un montón de juegos.